Qué es y cómo se diagnostica el Glaucoma

11 marzo, 2019

El glaucoma es una de las enfermedades que con más frecuencia produce importantes déficits de la función visual, situándose entre las principales causas de ceguera en todo el mundo. El lograr un diagnóstico precoz, para iniciar el tratamiento correcto y establecer las pautas de seguimiento mas adecuadas, constituye el arma mas eficaz para evitar estas graves consecuencias

Definición de glaucoma
Es una enfermedad caracterizada por una elevación de la presión intraocular hasta un nivel que produce un daño irreversible en las fibras del nervio óptico.

Las fibras de nervio óptico quedan dañadas cuando la presión intraocular se eleva por encima de un nivel que es variable de unos individuos a otros. Si la situación de presión elevada se mantiene durante mucho tiempo, o alcanza cifras exageradamente altas, estas fibras se pueden dañar de forma irreparable, es decir la pérdida de visión se hace irreversible.

Cuando la totalidad de las fibras del nervio óptico están dañado, se pierde por completo la capacidad de transmitir imágenes al cerebro, encontrándonos ante una ceguera total.


¿Cómo se produce el glaucoma?

Por el interior del ojo circula un líquido, encargado de la nutrición de las estructuras internas del ojo. Este líquido cumple una función similar a la sangre, pero tiene la ventaja de que al ser totalmente transparente, permite que la luz pase a su través, permitiendo al ojo cumplir la misión para lo que ha sido diseñado.

Este líquido, denominado humor acuoso, tiene un sistema de producción y otro de evacuación. El perfecto equilibrio entre estos dos sistemas, permite mantener prácticamente constante la presión intraocular. Si como consecuencia de algún fallo en estos mecanismos, entra mas liquido del que puede salir del ojo, la presión se eleva y el nervio óptico comienza a dañarse.


Tipos de glaucoma

No todos los glaucomas son iguales. Aunque los oftalmólogos son capaces de diagnosticar varias decenas de glaucomas diferentes, desde el punto de vista práctico, vamos a distinguir entre unos pocos que son los más frecuentes:

1.- Glaucoma congénito:
Se produce como consecuencia de un desarrollo defectuoso de las vías de salida del humor acuoso.

En las primeras semanas o meses de vida, el niño va a presentar lagrimeo y fotofobia (no es capaz de mantener los ojos abiertos cuando hay luz). La córnea va perdiendo transparencia y se ve blanquecina. Simultáneamente, el ojo, como consecuencia del aumento de presión en su interior, va aumentando de tamaño.

Hay que tener especial cuidado con los niños que tienen los ojos mucho mas grandes que el resto de los niños de su misma edad, especialmente si les molesta mucho la luz.

2.- Glaucoma crónico de ángulo abierto
Es el más frecuente de todos los glaucomas pues supone aproximadamente las tres cuartas partes de los que se diagnostican. Se produce por el deterioro progresivo del sistema de eliminación del humor acuoso, que de una forma natural se produce con la edad, pero en este caso se exagera hasta perder la capacidad de mantener una cifra normal de presión intraocular.

La enfermedad se presenta de una forma muy lenta sin producir síntomas que la persona que lo sufre, sea capaz de detectar.

3.- Glaucoma agudo o de ángulo cerrado
Esta forma de glaucoma, la más conocida por presentarse bruscamente con gran dolor y brusca disminución de la visión, visión de halos coloreados alrededor de las luces, e incluso sensación de nauseas, vómitos, etc…

Se produce por el cierre brusco de las vías de eliminación del humor acuoso, como consecuencia de que por la forma especial del ojo de estas personas, el ángulo a través del cual se ha de eliminar este líquido, es excesivamente estrecho y, es posible, que en determinadas circunstancias, las paredes de este ángulo se pongan en contacto, obstruyendo por completo el paso. Esto trae como consecuencia la rapidísima elevación de la presión y el intensísimo dolor (dolor de clavo).


Personas de riesgo

Así denominamos a las personas que poseen uno o varios factores que predisponen a padecer la enfermedad. Los más importantes son los siguientes:

Antecedentes familiares de glaucoma.

Edad. Más frecuente en personas de edad avanzada.

Miopía.

Diabetes.

Tratamientos prologados con corticosteroides.

Enfermedades cardiovasculares.

Traumatismos o intervenciones quirúrgicas oculares.

Las personas que están en alguna de estas circunstancias, deben realizar una revisión oftalmológica anual. Si concurren varios de estos factores, es posible que las revisiones deban ser a más corto plazo.

Como se diagnostica el glaucoma 
Las revisiones oftalmológicas periódicas que habitualmente se realizan con carácter anual para la detección del glaucoma, incluyen las siguientes exploraciones:

Tonometría
– medición de la presión intraocular.

Oftalmoscopia
– exploración del fondo de ojo, para comprobar si existe algún tipo de daño en el nervio óptico.

Gonioscopía
– para comprobar, en caso de sospecha de glaucoma, a que tipo pertenece.

Campimetría
– exploración del campo visual. Esta prueba no se realiza rutinariamente, es imprescindible para confirmar el diagnóstico y establecer el tratamiento adecuado por eso se realiza cuando la tonometría o la oftalmoscopía, le hacen al oftalmólogo sospechar que la enfermedad está ya en su fase inicial o tiene serias dudas y necesita confirmar el diagnóstico.

El 12 de marzo de cada año la Organización Mundial de la Salud celebra el día mundial del Glaucoma como recordatorio y prevención de esta enfermedad que es la segunda causa común de ceguera en el mundo. Actualmente 4,5 millones de personas lo padecen, con proyecciones de 11 millones de afectados para el 2020.

 

Fuente: Medicina21